sábado, 28 de febrero de 2015

El día bisiesto

Entre hoy y mañana se encuentra ese día fantasma que los que han nacido en 29 de febrero echan de menos tres años de cada cuatro, y este año también.
¿Cuándo se les felicita? ¿Hoy o mañana? ¿Es lícito llamarles a las 0:00 h? ¿Hay que saltarse el cumpleaños y no felicitarles hasta el año que viene?
Con toda la curiosidad que suscita esta fecha y los nacidos en ella, no me extraña que hayan fundado clubs que sólo admitan personas nacidas en esa “exquisita” fecha. José Manuel Ubarrechena Díez, nacido el 29 de febrero, convencido de que los nacidos en ese día son especiales y decidido a conocer más gente como él, fundó el “Club Mundial de los Bisiestos” en 1966. El club funciona en España pero ya es internacional puesto que acoge a personas de otros países. Cada cuatro años se reúnen en alguna ciudad de España para comer y celebrar su cumpleaños a lo grande pero la siguiente reunión será el año que viene.

jueves, 26 de febrero de 2015

Brotes tiernos


Todavía sigue el invierno pegando fuerte pero los árboles y las plantas intuyen que pronto vendrá la primavera y se empiezan a preparar. Los brotes engordan y dentro de poco, la vida estallará de nuevo.

Esta foto está sacada el último día de sol, el jueves pasado, desde entonces no hemos tenido un día soleado. No para de llover. Ya estoy harta de tanta agua. ¡Por favor, que venga el buen tiempo!

PD: Ya podréis perdonar la calidad de la foto, el brote está desenfocado. He tenido que enviar mi querida cámara a reparar después de darle un golpe sin querer. He utilizado el móvil de mi marido y me llevo fatal con las cámaras de los móviles. De hecho, creía que había sacado varias fotos por si acaso pero sólo hemos encontrado una.

martes, 24 de febrero de 2015

El cuadro de los piropos bonitos

En un comercio de la calle Prim me he encontrado este original espejo, titulado “El cuadro de los piropos bonitos”.

Me parece una buenísima idea ya que tengo la impresión de que solemos ser muy severos con nosotros mismos cuando estamos delante de un espejo. Recuerdo, hace unos años una anécdota de vestuario: “Dos chicas, con algunos kilos de más pero que no afectaban a su salud, se quejaban, cada una de sí misma, de que tenían que adelgazar pero no estaban de acuerdo en que la otra tuviera que hacerlo, la otra estaba bien. Yo, que estaba de espectadora, creía que ambas dos estaban bien, que eran similares físicamente”.
Creo que esto nos afecta sobre todo a las mujeres, aunque poco a poco los hombres también están entrando en este injusto juego social: la sociedad nos “recomienda” estar físicamente estupendas porque eso es lo que nos presenta en los anuncios, las revistas,… y nosotras nos lo exigimos aunque nuestro cuerpo no esté de acuerdo. Nos obligamos a tener cuerpos de modelo con pesos imposibles y a la primera de cambio hemos recuperado lo perdido con un extra. Y entramos en una espiral en la que cada vez pesamos más. Si conseguimos no entrar, probablemente podamos pasar la vida con ese peso, que es el nuestro, sin más contratiempos (*).
Lo digo porque yo no suelo hacer dieta y sé que tendré algún kilo de más respecto al que a veces dicen que es mi peso ideal (que para mí están calculados a la baja) pero tengo 53 años y no me cuesta mantenerlo. No tengo que contar calorías, me peso una vez al año y yo me encuentro bien de salud y físicamente.
¿Y qué me decís del IMC? Para los que no hayáis caído a qué me refiero: el IMC es esa fórmula que calcula un índice que depende del peso y de la altura al cuadrado, y que sirve para decir si estamos bien en el peso o no. A mí, siempre me ha dado la sensación de que penaliza a los altos. Al tener en cuenta la altura al cuadrado, es como si considerase que fuéramos en 2 dimensiones, pero somos 3D. Cuanto más alta es una persona, proporcionalmente es más ancha y tiene más “fondo”, pero con esta fórmula, cuanto más alta es una persona, más delgada tiene que estar para entrar en los parámetros normales de IMC entre 18,5 y 24,99. Tengo compañeros de trabajo que están estupendos y ¡les da sobrepeso!
Así que a partir de ahora miraos en el espejo como si fuera el “CUADRO DE LOS PIROPOS BONITOS” y aprended a quereros un poco. ¿Qué os parece?

(*) Mientras nuestro peso no suponga un problema de salud, ni en el momento, ni en un futuro, aprendamos a convivir con él. Sólo deberemos preocuparnos en caso de tener un peso excesivo, no saludable que: hace sufrir nuestros pies, nuestras piernas, nuestra espalda y nuestros órganos que deben trabajar muchísimo más. En ese caso, consulta a un profesional y plantéate seriamente bajar de peso, tu cuerpo te lo agradecerá.

domingo, 22 de febrero de 2015

Jabón líquido

En el libro de la Dra Odile Fernández, “Mis recetas anticáncer” que estoy leyendo para ver qué puedo sugerir a mi marido, viene una receta de jabón casero. Como no hay mucha diferencia con la que yo tengo, salvo las cantidades, no la tendré en cuenta. Al fin y al cabo, la mía ya la tengo probada y funciona. Lo que sí aconseja es hacerlo con aceite de oliva limpio, sin usar, entiendo que es más sano, lo que pasa es que entonces no sirve para reciclar el aceite. Eso me supone un dilema. Ya veré la próxima vez.
Además de eso, da una receta para convertir el jabón en jabón líquido para la ropa. Eso tenía que probarlo porque yo rallo el jabón y lo mezclo con agua durante alrededor de un día para que se ablande pero no se mezcla bien, confío en que con el movimiento de la lavadora se disuelva mejor.
Había leído que calentando el jabón con agua, se disolvía, pero no lo había probado así que he cogido la receta:
“Mezcla 300g de jabón de la abuela con dos litros de agua y aceites esenciales, por ejemplo de lavanda (3 ml), mandarina (3 ml) y limón (3 ml). Ralla el jabón y hiérvelo en el agua hasta que se disuelva, añade los aceites y mezcla bien. Deja enfriar y envasa. En cada lavado usa 150 ml.”
Llama jabón de la abuela al jabón casero, así que he rallado 300 g de jabón casero de la última tanda y los he mezclado con 2 l. de agua en una olla. No he utilizado nada más, prefiero un jabón sin olores.

He puesto la olla a calentar y he estado removiendo hasta que me he cansado. Me he puesto a leer y se me ha pasado el tiempo hasta que ha debido de hervir el agua y la espuma que se ha hecho con el jabón se ha derramado como si fuera leche hervida. ¡Vaya desastre! Así que ¡cuidado!: no debe hervir.


He separado del fuego y he limpiado la vitrocerámica. He seguido dando vueltas para ver la consistencia que se quedaba según se enfriaba. Al final queda bastante denso. Lo he metido en tarros y he hecho la primera prueba en la lavadora. Me ha parecido que iba bien, mejor que lo que yo utilizaba hasta ahora.

viernes, 20 de febrero de 2015

Impasse

Hay largos periodos en la vida de cada uno en que tienes pocas cosas que hacer, o un montón, pero te parece que tienes tu vida bajo control. Decides tu futuro y tu vida no te da sobresaltos. Puede ser emocionante o plácida, monótona o divertida, pero no te da sobresaltos.
Otras veces, un gran acontecimiento llega a tu vida sin pedirte permiso y sin que te hayas preparado lo pone todo patas arriba. Adiós a los planes, adiós a la vida controlada.
Y sin embargo, en otros momentos, ese gran acontecimiento se anuncia con tiempo y tu vida se reduce, de repente, a esperar que llegue ese gran evento que va a decidir tu futuro. El gran acontecimiento en el que no puedes influir y se escapa a tu control, y tú sólo puedes esperar. Todo tu futuro depende de él y tú sólo puede esperar… y cruzar los dedos… y rezar o desear. ¡Cuánto pueden llegar a pesar en el ánimo algunos acontecimientos!
Y así estoy yo ahora: esperando a que me den la fecha en que van a operar a mi marido, esperando la operación, deseando que sea la menos drástica de las opciones, rezando porque todo salga bien, esperando que se recupere, rogando… que termine bien para poder contarlo con final feliz.
Mientras, seguiré subiendo entradas más relajadas que ésta porque me hace falta hablar de temas más triviales y dejar de pensar, de vez en cuando, en lo que tiene que suceder.

jueves, 19 de febrero de 2015

Papaya

No había probado esta fruta salvo deshidratada y me gustaba pero ¿y fresca?
El hecho de que habitualmente sean tan grandes, me echaba un poco para atrás a la hora de comprar porque… ¿y si no me gustaba?
Pero ayer, me animé, debía tener espíritu aventurero. Y después de comprar un hermoso ejemplar de papayón de más de un kilo, tuve que mirar en internet para saber cómo se puede comer. ¡Bendito internet!
Me animé por lo más simple: limpiar la piel,…

 … cortar por la mitad,…

… quitar las semillas, limpiar por dentro y rociar con zumo de limón.

Aconsejaban dejarlo un rato en el frigorífico (alrededor de una hora), pero como estamos en invierno, la dejé algo menos. Comer con cucharita… y me gustó, está sabrosa. Me recuerda, quizá, un poco al caqui que también me gusta aunque la carne de la papaya sea menos compacta (no me gusta el caqui demasiado maduro como comen algunos). Incluso el color, también me lo recordaba.

martes, 17 de febrero de 2015

Trilogía del Baztán: "Legado en los huesos"


Acabo de terminar la segunda entrega de la trilogía del Baztán, de Dolores Redondo.
Debo reconocer que en el primer libro, aunque me gustó, no me acabó de convencer la manera en que la mitología vasco-navarra y sus personajes irrumpieron en la novela. Pero después de terminarlo y reflexionando, me di cuenta de que no es muy diferente de cómo otros autores de otros países han utilizado la mitología de sus respectivas culturas. Sin embargo, ¿por qué en este caso me “chirriaba”? Tras pensarlo de forma objetiva, creo que no es culpa del libro en sí, sino la proximidad del entorno y su mitología la que me dificulta su aceptación. Una vez descubierto el porqué, me ha resultado más fácil asumir la entrada de esos personajes mitológicos en el argumento.
Ahora que estoy en el segundo libro, esa reflexión ha hecho que lo lea con más ganas.
Se leen muy bien estos dos libros encadenados, a los que sigue un tercero, que tratan la vida y trabajo de la inspectora Amaia Salazar, que originaria del Baztán, tiene que tratar con sus miedos mientras intenta descubrir quién está detrás de los misteriosos asesinatos en los que no todo es lo que parece.
Los títulos de la trilogía:
  El guardián invisible
  Legado en los huesos
  Ofrenda a la tormenta
Tengo que pedir a mi amiga Begoña que me deje el siguiente y último de la trilogía.