domingo, 11 de mayo de 2014

Gaztarrotz (y 2)

Sigo con el post anterior, como prometí.







A pesar de lo que puede parecer, aquí venía un reto. Se podía pasar subiendo la piedra de la derecha o por el hueco que se ve abajo. Mi marido pasó por arriba pero yo, que tengo las piernas más cortas y cierto miedo a escalar, pasé por el hueco de abajo que en su salida tendría como medio metro de altura. Para mí, sin problemas.


















Al otro lado nos esperaba esta sorpresa: un estanque con pequeños renacuajos y zapateros. ¿Estaríamos en el Edén?

Y más despliegue de formas y colores. ¿No os parece increíble?















Para que os hagáis una idea del tamaño de los bloques.









¿Cómo se podría pensar en encontrar semejante despliegue de formas y colores en plena naturaleza y tan cerca de casa?



En contraste con el negro. Ese color negro, no tiene nada que ver con ningún vertido de algún barco. Es bastante más duro que la piedra arenisca que cubre y, en algunos sitios que asoma, se ve que es una capa fina pero dura.

Formas imposibles.



¿Veis la arena rojiza en el fondo de la forma?


¿Y este "caballo" con "jeroglíficos"?






Poco a poco comenzamos el regreso por otra ruta.

Un impresionante acantilado.

¿Alguien creía que la aventura había terminado?


La hermosa zona que acabamos de dejar, desde la distancia.

Las zarzamoras están en flor. Allá por agosto o septiembre madurarán las ricas moras. Podréis comerlas directamente o preparar una rica mermelada. Eso sí, ¡cuidado con los pinchos!

Según vamos ascendiendo, vemos que las nubes bajas siguen instaladas en las cimas.


Este aterciopelado brote de roble con un curioso tono rosa en sus bordes.

Restos de un edificio que la naturaleza ha reclamado para sí.



Compañeros en el camino...


... y más compañeros.


Una última imagen de lo que hemos dejado atrás. Algún día volveré.

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